¿Qué relación tiene el chemsex con las ITS y la salud sexual?
El chemsex aumenta el riesgo de ITS e infecciones de transmisión sexual porque favorece actividad sexual prolongada sin protección adecuada y dificulta el cuidado de la salud sexual.
El tratamiento del chemsex en la UDH Vithas Guadalsalus se centra en personas cuyo consumo de sustancias durante las relaciones sexuales se ha vuelto difícil de controlar, dañando así su salud.
La UDH ofrece un entorno hospitalario, confidencial y libre de juicios donde realizar la desintoxicación, manejar la abstinencia y abrir un proceso terapéutico que tenga en cuenta también la sexualidad, el estigma y los problemas de salud mental relacionados con el chemsex.

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El chemsex es el uso intencionado de drogas psicoactivas para mantener relaciones sexuales o tener relaciones sexuales durante muchas horas o días, a menudo con múltiples parejas y con desinhibición marcada.
En España se observa una prevalencia relevante de la práctica de chemsex sobre todo en hombres que tienen sexo con hombres y en redes donde el uso de aplicaciones de geolocalización facilita encuentros sexuales bajo la influencia de sustancias.
En muchas sesiones de chemsex se combinan drogas con consumo de alcohol, a veces con administración por vía intravenosa o slamming, lo que aumenta el riesgo de sobredosis y de complicaciones médicas agudas.
Cuando existe dependencia física, dejarlo de golpe puede provocar síntomas de abstinencia y otros problemas relacionados con el alcohol. Esa fase médica más aguda se aborda en la desintoxicación hospitalaria, con el objetivo de estabilizar a la persona con seguridad y preparar el tratamiento del alcoholismo.
El chemsex está asociado a riesgos para la salud complejos, como intoxicación prolongada, síntomas psicóticos, problemas de salud mental previos que se agravan y mayor riesgo de contraer VIH u otras infecciones.
Por eso, el tratamiento para la adicción al chemsex requiere un abordaje multidisciplinar con médicos, psiquiatra, personal de enfermería, psicología y terapia, capaz de estabilizar primero la parte médica y después sostener un trabajo profundo en la dimensión sexual y relacional.
En este entorno se ofrece un espacio confidencial, libre de juicios y con enfoque integral, mientras se trabaja en la seguridad y en el bienestar del paciente a largo plazo.


La desintoxicación del chemsex en la UDH se organiza como un ingreso hospitalario de 21 días en el que se retiran las sustancias de forma planificada. Desde el primer día explicamos al paciente qué drogas psicoactivas están implicadas, cómo se abordará la abstinencia de cada una y qué se considera una evolución esperable.
Los primeros días se centran en la acogida, la evaluación médica y psiquiátrica y la observación del patrón real de consumo. Con esa información se decide qué sustancias retirar antes, qué medicación de apoyo ayuda a manejar la abstinencia y qué signos obligan a coordinarse con servicios de urgencias.
En la UDH se corta el ciclo de consumo, se maneja la abstinencia y se estabiliza la salud física y mental, prestando atención a riesgos como sobredosis, infecciones y descompensaciones psiquiátricas relacionados con el chemsex.
Tras el alta se puede recomendar ingreso en la Comunidad Terapéutica masculina Guadalsalus Bormujos o en Instituto MIA, centro femenino de adicciones, donde se trabaja la dependencia química, la sexualidad, la intimidad y el estigma en un entorno protegido y estructurado.
Cuando la persona puede vivir en su domicilio con cierta estabilidad se plantea tratamiento ambulatorio intensivo, con grupos, sesiones individuales y espacios familiares, manteniendo seguimiento cercano y objetivos claros de reducción de riesgos y abstinencia.
El seguimiento se organiza como una fase gratuita de un año en la que se revisan señales tempranas de riesgo, se refuerzan estrategias para controlar el consumo y se ajusta el plan si aparece deseo compulsivo de volver a sesiones de chemsex.
La terapia cognitivo-conductual, o TCC, se usa para identificar disparadores, pensamientos automáticos, manejo del control de impulsos y situaciones de alto riesgo, entrenando estrategias concretas para decir no a encuentros sexuales bajo la influencia de sustancias.
La terapia de aceptación y compromiso ayuda a cambiar la relación con el malestar, aumentar la tolerancia a emociones intensas y orientar el proceso hacia valores y vínculos que no dependan de mantener relaciones sexuales siempre asociadas a drogas psicoactivas.
Enfoques psicodinámicos y el Modelo Guadalsalus, que exploran el sufrimiento subyacente, los vínculos y los patrones de relación que han favorecido la dependencia.
El trabajo psicodinámico dentro del Modelo Guadalsalus explora el sufrimiento subyacente, la historia de vínculos, el impacto del entorno social y las experiencias de estigma, integrando estos elementos en un plan de tratamiento para la adicción que tenga sentido para el paciente.
En el contexto del chemsex, no es raro que coexistan trastornos de salud mental junto con el patrón de consumo, lo que se conoce como patología dual. La literatura científica indica que las personas que practican chemsex pueden tener prevalencias elevadas de síntomas de ansiedad y depresión o de desregulación emocional.
Este patrón de comorbilidad no es anecdótico: los estudios muestran que entre quienes participan en chemsex hay una proporción significativa que experimenta dificultades psicológicas. Además, la patología dual complica el tratamiento porque los síntomas psiquiátricos y los efectos de los tóxicos pueden solaparse y reforzarse entre sí.
Como resultado, hay necesidad de un diagnóstico y tratamiento que aborden tanto la dependencia del consumo como los aspectos de salud mental que la acompañan.


El coste del tratamiento del chemsex depende del nivel de atención y de la complejidad clínica, por lo que en la UDH el presupuesto se calcula de forma individualizada.
Al elegir un recurso para problemas relacionados con el chemsex no conviene fijarse solo en el precio, sino en la acreditación sanitaria, la experiencia en chemsex y la capacidad real de sostener la continuidad del tratamiento.
La UDH Vithas Guadalsalus dispone de licencia sanitaria, acreditación PAIME y un equipo de profesionales con experiencia en desintoxicación, psiquiatría y adicciones, lo que permite abordar un cuadro que es una enfermedad que requiere un tratamiento organizado, no solo buena voluntad.
Pacientes rehabilitados
Grupos reducidos
Transformación en tiempo récord
Puedes contactar con la UDH Vithas Guadalsalus para una primera orientación, ya sea sobre sesiones de chemsex, sobre síntomas de abstinencia o sobre cómo contar lo que te pasa sin perder la confidencialidad.
Nuestro primer intercambio puede ser el inicio de un camino más seguro, con un equipo que entiende esta realidad y te acompaña paso a paso.
El chemsex aumenta el riesgo de ITS e infecciones de transmisión sexual porque favorece actividad sexual prolongada sin protección adecuada y dificulta el cuidado de la salud sexual.
En el chemsex se utilizan sobre todo metanfetamina o tina, mefedrona, GHB y ketamina, a veces combinadas con otras sustancias psicoactivas.
Un ejemplo de chemsex es una sesión donde varias personas mantienen encuentros sexuales prolongados bajo el efecto de metanfetaminas o GHB organizados mediante aplicaciones de contacto.
El tratamiento incluye evaluación clínica, terapia cognitivo-conductual u otros apoyos psicológicos, trabajo sobre ansiedad y depresión y estrategias de reducción de daños adaptadas al patrón de consumo y sexualidad.
La recuperación suele requerir dejar el consumo de drogas asociado al chemsex, revisar la situación médica y abordar la salud sexual y emocional dentro de un plan terapéutico estructurado.
El ingreso se indica cuando hay consumo de sustancias por vía intravenosa, riesgo de sobredosis, síntomas psicóticos o ideación suicida asociados al chemsex.
Cada ingreso se realiza en una habitación individual, amplia y luminosa, diseñada para preservar la privacidad y favorecer la concentración durante el tratamiento. La unidad cuenta con 16 plazas para garantizar un ambiente íntimo y controlado.
Cada ingreso se realiza en una habitación individual, amplia y luminosa, diseñada para preservar la privacidad.